En la primera mitad del día sentimos entusiasmo y ganas de actuar. Contamos con suficiente energía para realizar cualquier tarea de manera excelente y de calidad. Es importante mantener en mente el objetivo final e invertir todo nuestro potencial en alcanzarlo. Las dudas sobre nuestras capacidades pueden frenarnos y no permitirnos actuar según lo planeado. Así que, si tienes un asunto importante, concéntrate en él y actúa como habías previsto.
En este momento, nuestro cuerpo se alinea con nuestras metas. Así se forma el flujo de energía necesario para acciones efectivas, que no será ni demasiado intenso ni demasiado débil. Si sientes que te faltan fuerzas, es señal de que te falta motivación para actuar. Es mejor posponer las tareas que no deseas hacer y dedicarte a lo que te inspire, para ampliar tus posibilidades en el futuro. Intenta no ceder a la tentación de no hacer nada, pues detrás de ese impulso suelen esconderse miedos que pueden llevar al estancamiento de tus sueños.
En la segunda mitad del día puedes reducir el ritmo de tu actividad. Dirige tu atención hacia lo que te inspire y te dé una sensación de vitalidad. En tu comunicación y acciones, difunde tu propia alegría. Y al mismo tiempo, disfruta de lo que para ti es valioso y placentero.