Los antiguos estaban convencidos de que el Destino de una persona, de una ciudad e incluso de un Estado estaba predestinado en su nombre. Con esta creencia se relaciona también la costumbre actual de cambiar de nombre. Como en la antigüedad, se considera que implica un cambio en el destino. Así lo hacen con frecuencia artistas y escritores, inventándose un seudónimo; cambian de nombre quienes toman los votos religiosos o reciben órdenes sagradas; quienes ingresan en una sociedad secreta; y hay otros casos más particulares.
En el mundo existen varias teorías que explican cómo el nombre de una persona puede moldear su carácter: por ejemplo, las teorías social y emocional.
Desde el punto de vista social, el nombre de una persona es un flujo de información social sobre su portador. Conocer solo un nombre permite hacerse una idea de la nacionalidad, la posible confesión religiosa, las principales cualidades del carácter y el temperamento.
Estas percepciones son aproximadamente similares en distintas personas, lo que, a su vez, determina una actitud más o menos uniforme hacia el portador de ese nombre. Y cuando miles de personas se dirigen a alguien “por su nombre”, esto no puede dejar de formar rasgos de carácter similares en los distintos portadores de un mismo nombre.
Según la teoría emocional, el nombre de una persona se percibe como un estímulo emocional. Algunos nombres suenan suaves, amables y evocan en los demás, por su sonido, sensaciones agradables; otros, por el contrario, pueden provocar emociones desagradables o percibirse como irritantes. Esto es lo que se conoce como la “música del nombre”. En gran medida, de cómo sea esta dependerá la actitud de los demás hacia el portador del nombre.
Sin embargo, ninguna de estas teorías explica la razón por la que el nombre influye en el destino de una persona, aunque tal relación existe sin duda. La astrología puede ayudar a ello: utilizando los principios astrológicos básicos, es posible encontrar no solo la “llave” para el nacimiento de una persona, sino también desentrañar el misterio de la influencia de un nombre u otro en su destino.
Todo nombre está compuesto por un conjunto determinado de letras. Cada letra del alfabeto está vinculada, a través de su valor numérico, a uno de los nueve planetas. Así, el conjunto de letras de un nombre es, al mismo tiempo, un conjunto de planetas que, según su naturaleza astrológica, influyen favorable o desfavorablemente en quien lo lleva. Este principio es la base de mi teoría “Astrología del nombre: influencia planetaria”.
En resumen, según esta teoría:
1) El nombre puede influir en la persona a través de los planetas que lo “rigen”. La esencia es la siguiente: si los planetas que componen el nombre de una persona se encuentran en su carta natal en una posición fuerte y están armoniosamente aspectados (interactúan) entre sí, ese nombre está destinado a ayudar a su portador, atrayéndole éxito y favoreciendo su avance en la vida; si, por el contrario, los planetas están en una posición débil y aspectados negativamente, ese nombre será un obstáculo, generará dificultades para cumplir los planes de vida y lo mejor sería cambiarlo por otro;
2) El nombre puede influir directamente en el carácter y el destino de una persona a través de su compatibilidad con la fecha de su nacimiento. La esencia es la siguiente: cualquier fecha de nacimiento (día, mes, año) tiene un planeta regente clave. Para determinar cuál es ese planeta, la fecha de nacimiento se reduce, mediante un método numerológico (sumando todos sus componentes numéricos), a un número simple. El planeta asociado a ese número es el regente de la fecha de nacimiento. Si este planeta es compatible con todos (lo cual es muy raro) o, al menos, con la mayoría de los planetas que componen el nombre, el nombre es adecuado, está en armonía con la persona; si no lo es, convendría cambiarlo. Por cierto, esto no solo aplica al nombre, sino también al apellido, por lo que no es raro que las mujeres, al casarse y cambiar su apellido de soltera por el de su esposo, puedan modificar notablemente su destino;
3) Los planetas que componen el nombre de una persona pueden ser compatibles o incompatibles con los planetas que forman parte de los nombres de otras personas (aquí tenemos otro nivel de compatibilidad sinastrica: nombre+nombre). Además, la compatibilidad de los nombres, como ha demostrado la práctica, no es menos importante que la compatibilidad armoniosa de las cartas natales. La compatibilidad de los nombres puede ejercer una influencia positiva o negativa tanto en las relaciones generales entre las personas como en ámbitos específicos de su vida y actividad conjunta: matrimonio, negocios, sexo, amistad, etc.
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