Su hijo/a suele tener dificultades para llamar la atención, puede sentirse invisible y poco seguro/a de sus capacidades. Le cuesta entenderse a sí mismo/a, lo que puede llevarle a una gran confusión. En esos momentos, puede refugiarse en un mundo propio, creado por él/ella. Para los adultos que conviven con estos niños, es muy importante saber marcar claramente la diferencia entre la realidad y lo que existe en sus fantasías. Hay que elegir con cuidado las películas, programas de televisión u otros contenidos de entretenimiento, o, al menos, verlos juntos con el niño.
Al niño/a le cuesta ver al “verdadero” padre. Puede idealizarlo casi como un ser sagrado y, al descubrir que no es así, sentir una gran decepción.






