
La Luna Blanca no aparece en todos los horóscopos. Sin embargo, ejerce una enorme influencia en el destino de una persona, ya que está vinculada con el karma y con los momentos cruciales de la vida.
¿Qué es la Luna Blanca?
La Luna Blanca es un concepto especial en astrología. Astronómicamente, se asocia con el perigeo, es decir, con la órbita lunar en la que la Luna se acerca más a la Tierra. A diferencia de la Luna o el Sol comunes, la Luna Blanca no tiene un signo zodiacal ni domicilio: no gobierna ningún signo. Se considera que cada constelación zodiacal es visitada por la Luna Blanca una vez cada siete años. Estas visitas suelen ser decisivas, cambiando para siempre el curso habitual de los acontecimientos.
También se conoce a la Luna Blanca como Selene. Los astrólogos creen que Selene siempre encarna un principio positivo, luminoso y bondadoso, por lo que la Tierra intenta atraerla hacia sí lo más cerca posible, creando el perigeo y reduciendo la distancia al mínimo gracias a la gravedad. Existe un fenómeno opuesto al perigeo: el apogeo. Al pasar por el punto de apogeo, la Luna se aleja al máximo. Por eso, además de la Luna Blanca, se suele mencionar también a la Luna Negra. Los astrólogos la llaman Lilith y se opone a Selene en todos los aspectos. Juntas, se equilibran mutuamente, ofreciendo a la persona dos caminos de vida: uno bajo cada Luna.
El papel de la Luna Blanca en el destino humano
Como Selene tiene ciclos de siete años, cada siete años de vida nos enfrentamos a una elección que influirá en cómo se desarrollarán los acontecimientos a partir de entonces. La Luna Blanca está estrechamente ligada al pasado y al karma, por lo que los Signos del Destino que envía pueden variar para cada persona.

Para quien cuida la pureza de su karma, Selene envía suerte, mientras que para quien arrastra una carga oscura, ofrece la oportunidad de enmendar o redimir su situación. La felicidad y la paz en los períodos cruciales indican que se está en el camino correcto, mientras que las desgracias y la tristeza revelan una fuerte programación negativa que puede empujar hacia el lado de Lilith. Quien se inclina hacia la Luna Negra obtendrá muchos bienes terrenales sin expiar sus pecados, pero con el tiempo el karma de esa persona se volverá más oscuro. El universo ama los patrones, y por logros demasiado fáciles a veces hay que pagar mucho más después.
Cada siete años, todos tenemos la oportunidad de hacer una elección definitiva a favor de Selene. Al igual que la Tierra absorbe su energía positiva, nosotros podemos tomar lo mejor para nosotros mismos. Desde el punto de vista astrológico, Selene actúa como un ángel guardián del ser humano. Por eso, al acercarse a una fecha decisiva, no olvide reevaluar tanto sus logros como sus metas futuras.
Los ciclos de Selene comienzan a los siete años de edad —en ese momento el niño empieza a realizar acciones conscientes y ya puede responder por el daño causado a otros—. Los siguientes puntos de referencia son los 14, 21, 28, 35, 42, 49 y 56 años, que culminan a los 63. Se considera que para esa edad la persona ya ha definido con qué Luna caminará en su vida. En esa fecha aún no es tarde para cambiar radicalmente de rumbo, pues hacerlo después ya no será posible según las leyes del karma.
Por nuestra parte, queremos desearles fe en sí mismos. Nunca es tarde para recurrir al principio luminoso y dar un giro radical a la vida para mejor. Utilicen las leyes de la astrología y del universo para mejorar su vida en el camino hacia el crecimiento espiritual. No dejen pasar la próxima fecha crucial para hacer el máximo esfuerzo en la consecución de sus objetivos.



