
Un regalo mágico
Se acercan las fiestas de invierno. Tiempo de milagros y misterios. Se quiere creer en lo mejor y esperar el milagro de la noche de Año Nuevo bajo el árbol. Hasta finales de 2013 me encontraba en una profunda depresión; no me apetecía salir de ese estado por mí misma. Probablemente ya había echado raíces en el papel de víctima y me sentía muy cómoda en ese estado. Pero en el fondo del alma deseaba cambios, que la vida tomara otro rumbo.
A principios de enero, leí un artículo sobre una chica que compró un reloj nuevo y su vida cambió por completo. “¿Por qué no probar yo también?”, pensé. De todos modos, llevaba tiempo dándole vueltas a qué regalarme a mí misma por Año Nuevo. Así que fui a la tienda. Probé infinidad de relojes. Y elegí uno.
Pero la vida siguió igual. Incluso con el reloj nuevo. Hasta que, en un momento dado, dejé de asociarlo con mi nueva vida: era solo un reloj. Mi reloj, que me gustaba mucho.
Fue a finales del año pasado cuando comprendí que, efectivamente, mi vida había cambiado gracias a ese reloj. El 28 de junio se agotó la pila, que cambié, y para mediados de julio ya no me reconocía. Surgió una nueva afición: mi interés por la astrología, que luego se profundizó en el estudio de la esotérica. Nuevos conocidos, un nuevo círculo de amistades. Empecé a comer productos cuyos aromas antes me provocaban náuseas. Cambió mi color favorito, mis flores preferidas… Me sentía distinta por dentro y por fuera. Ya no quería compadecerme ni llorar por las noches: quería avanzar, quería vivir con ligereza.
Así que la compra de un reloj nuevo para una nueva vida funcionó: solo hizo falta cambiar la pila.
Natalia…




