La concepción tradicional de la astrología suele reducirse a percibirla como un sistema de predicciones. Además, las predicciones astrológicas suelen dividirse en favorables y desfavorables para quien consulta. El propio consultante se percibe como un objeto pasivo, desamparado ante los vientos de las tensas influencias astrológicas, con la esperanza de que los vientos desfavorables terminen y llegue un período de constelaciones planetarias propicias.
Generalmente, en astrología se consideran «malos» los aspectos tensos, la influencia de la Luna Negra, los llamados planetas dañinos —Plutón, Urano, Saturno—, así como los planetas retrógrados y los grados críticos.
Todavía no hemos logrado despedirnos definitivamente de los hábitos astrológicos de la era milenaria de Piscis, de energía yin, en la que el tema principal era la sumisión ante el destino y la aceptación fatalista de los factores externos adversos como inevitables.
Todos conocemos la utopía de creer en un buen rey como esperanza de que alguna fuerza externa cumpla una función paternal, protegiéndonos de cualquier adversidad. Sin embargo, aún hoy muchas personas esperan que, además de nuestros esfuerzos, puedan producirse cambios importantes desde el exterior que generen una vida cómoda. Esto se denomina infantilismo: la persona ha crecido por fuera, pero por dentro sigue siendo un niño, es decir, alguien incapaz de superar por sí mismo las dificultades externas, mejorar su vida y la de sus seres queridos, y asumir la responsabilidad de ello.
Lamentablemente, la mayoría de las interpretaciones astrológicas de los indicadores problemáticos en el horóscopo se reducen a que el astrólogo, al observar esas mismas «malas» señales, intenta simplemente proteger a la persona de ellas, dando consejos como: «quédate quieto, ten cuidado, no hagas nada importante, porque ahora no es un buen momento». En su momento, el famoso médium y astrólogo Edgar Cayce decía que «cualquiera que se niegue a vivir la vida debe sofocar su deseo de vivir; en otras palabras, debe cometer un suicidio parcial». ¿Acaso los astrólogos no cometen un suicidio parcial al intentar evitar las influencias planetarias desfavorables?
A veces llegan a mí clientes asustados por la consulta de otro astrólogo. Resulta muy dudoso y vano el consejo dado por ese astrólogo mediocre: «durante 2 o 3 años, vive como agua quieta, bajo la hierba, y no tomes ninguna acción importante». Por lo general, tales recomendaciones se dan en un contexto de tránsitos de planetas de renovación y transformación —Urano y Plutón— en aspectos tensos con los planetas radix, cuando la persona recibe casi la única oportunidad en su vida de cambiar radicalmente y renovarse. ¡Y perderá esa oportunidad si sigue esos consejos, además de acumular un conjunto de enfermedades vagas surgidas de la energía yang no realizada que el universo le envió para realizar cambios externos radicales!
Todos estos tipos de interpretaciones astrológicas, orientadas a una percepción pasiva de las energías yang externas de los planetas como factores desfavorables que amenazan la estabilidad y la comodidad, deben quedar en el pasado.
La nueva era yang de Acuario, que está por comenzar y durará 2000 años, otorga al ser humano el derecho y la posibilidad de utilizar conscientemente las energías yang de los aspectos tensos, aportar luz de la creación consciente a las energías inestables de Lilith, vivir de manera constructiva los temas de los planetas en grados críticos, etc.
Nuestra percepción de los factores cósmico-astrológicos debe cambiar de la posición de participante pasivo de la propia vida, o de niño, a la de una personalidad autónoma, consciente, espiritualmente madura y dispuesta a participar activamente en el proceso creativo de su propia existencia.
Para ello, ante todo, es necesario aceptar el hecho de que, en astrología como en la vida, no hay nada «malo» ni «bueno», sino «fácil» y «difícil». Además, las dificultades siempre son una oportunidad para volverse más fuerte, crecer espiritualmente, transformar el nivel de vida y, al utilizar constructivamente las influencias planetarias tensas, mejorar su calidad y sentir satisfacción espiritual y física.
En realidad, considerar la vida como una sucesión de períodos favorables y desfavorables es completamente erróneo. Surge la sensación de que, si el período es desfavorable, es como si estuviera «vacío» y hubiera que esperar, agazaparse, como si fuera temporalmente un muerto. Pero la vida es un continuo ininterrumpido. En ella no hay pausas ni zonas de espera. En cada instante se producen interacciones energéticas, la vida en la creatividad se desarrolla constantemente. Por lo tanto, la tarea del astrólogo no es «poner paja bajo», sino señalar las posibilidades de cambios radicales que brindan los indicadores tensos en el horóscopo o en cartas temporales. Al utilizar de manera consciente y constructiva la energía de los aspectos tensos, los grados críticos, Lilith, etc., podremos vivir nuestra vida al máximo, sintiéndonos vivos y entusiasmados con la existencia hasta la vejez.
El ser humano es inmanente a la vida. No es un sujeto externo respecto a ella, sino una parte inseparable que existe a imagen y semejanza. «Como es arriba, es abajo», dice el principio hermético fundamental. Y el ser humano debe aprender a vivir de acuerdo con los ritmos cósmicos internos.
Los indicadores astrológicos tensos pueden y deben utilizarse para el perfeccionamiento y la autorrealización plena. Al igual que un surfista, el ser humano puede y debe utilizar la energía yang caótica natural para acelerar, vivir una vida plena y autorrealizarse.
Por lo tanto, deben interpretarse como una oportunidad para cambiar y mejorar la propia vida o algunas áreas específicas, alcanzar un nivel cualitativamente nuevo, acceder a recursos internos, volverse más fuerte y perfecto.
De ahí que la tarea del astrólogo de la era de Acuario no consista en constatar y predecir ciertos eventos futuros en la vida de una persona, sino en señalar las nuevas posibilidades y tareas que la persona puede realizar como resultado de las posiciones astrológicas que se forman. Al perder las oportunidades que nos brinda la energía yang de los indicadores tensos, corremos el riesgo de vivir nuestra vida sin aprovecharla al máximo, de perdernos historias importantes y morir con la sensación de haber dejado pasar algo esencial.
Para resumir nuestro razonamiento, reformulando una famosa frase de un conocido filósofo alemán:
«¡Los astrólogos hasta ahora solo han explicado el mundo de diversas maneras, cuando la tarea consiste en cambiarlo!»
© Natalia Perestoronina



