La educación o formación recibida en la infancia desempeña un papel de suma importancia para este niño. Obediente y soñador, se apoya en los adultos para todo, dejando que sean ellos quienes tomen las decisiones. Hay que tratarlo con paciencia, claridad y sin excesos, pues de lo contrario podría desarrollar fácilmente un complejo de mártir. Además, tiende a la vaguedad y la incertidumbre, por lo que conviene fomentar en él el sentido de la lógica y la capacidad de concentración.
Resulta útil vigilar el entorno de su hijo, explicándole qué está bien y qué está mal. Valorará mucho que se compadezca de sus estados de ánimo. No debe obligársele a hacer algo cuando no se encuentre en condiciones adecuadas para ello. Es importante establecer una regularidad en sus costumbres.
Hay que animar y estimular todas sus actividades intelectuales y sus inclinaciones hacia lo bello. No se debe obstaculizar su fe, aunque esta sea de carácter poco convencional. Sobre todo, hay que desarrollar su confianza en sí mismo y en su capacidad para casi todo en la vida.
Es posible que su hijo tenga una marca natural en el rostro o en la mano. No es descartable que sus manos y pies se enfríen con frecuencia, ya que podría tener alterado el metabolismo.



