Para las personas que lo rodean, su hijo parece enigmático e incomprensible. Acumula en su interior todos sus deseos, penas y resentimientos. En las conversaciones, a menudo se contradice. Pero no hay que considerarlo peor de lo que es: no le faltan capacidades ni carácter. Parece extraer fuerzas de alguna fuente oculta y siempre logra culminar con éxito sus proyectos. Refuerza sus acciones con una intensidad emocional notable. Sin embargo, lo que no quiere hacer, no lo hará. Es necesario enseñarle a jugar con otros niños y a compartir sus juguetes con ellos.
Las amenazas y los castigos aumentan su rigidez y pueden acarrear consecuencias indeseables (por ejemplo, desarrollar una tendencia a maltratar animales o perder el respeto hacia el padre). Le cuesta ser objetivo, siente una profunda lástima por sí mismo y tiende a justificarse y a culpar al mundo exterior. Conviene animarlo a ser sincero y a comunicarse más con él. Es mejor llevarlo siempre consigo que dejarlo solo.



