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Enfoque astrológico de la medicina

Nuestro enfoque para comprender los aspectos médicos de la astrología partirá del principio holístico de la integridad y unidad de todo lo existente, que se refleja en las tesis: «todo en todo», «como es arriba, es abajo», «unidad del micro y macrocosmos», «lo externo es manifestación de lo interno» y «material».

Para trabajar con el cuerpo humano, sus enfermedades, es necesario entender, ante todo, que lo único no es solo el cuerpo de la persona (y, por tanto, no se puede tratar una sola enfermedad aisladamente de los órganos relacionados con el enfermo), sino que la persona en sí es una unidad que incluye su esencia espiritual y corporal. Además, la persona está unida al mundo que la rodea y debe aprender a vivir en armonía con él, sincronizándose con los ritmos cambiantes de la vida. La vida, en sí misma, es un proceso cósmico continuo y único, una actividad cósmica que se expresa a través del movimiento de distintas fuerzas, calidades y velocidades. La fuente de este movimiento siempre es la creación, y la materia universal actúa como su conductora.

La vida se extiende por todo el Cosmos y lo vitaliza. Nuestro sistema solar es solo una parte de un sistema único que llamamos el Universo. El sistema solar, a su vez, es un organismo vivo cuyos principales órganos son los planetas. Todos los elementos del sistema solar, en el proceso de su actividad vital, generan su propia energía, que es una combinación de campos electromagnéticos.

Desde esta perspectiva, la vida de la Tierra es el resultado de la influencia de diversos y numerosos factores cósmicos. Las leyes del Cosmos son únicas para todo el Universo. Cada punto del Universo contiene información sobre el universo entero. Y cada persona es ese punto.

Cuando una persona nace, no hace más que fijar un momento cósmico específico, que se refleja en su carta natal, a lo largo de toda su vida. En otras palabras, la carta natal es la estructura energética fijada de cada individuo. Por consiguiente, su vida no es más que una combinación de ciertos ritmos cósmicos. Cada ser individual vibra en la gama que existía en el Cosmos en el momento de su nacimiento.

Según el primer principio de la filosofía hermética, en el centro del Ser se encuentra una gran y poderosa Mente, y el Ser es su expresión externa.

La vida, como poderosa corriente, se extiende por todo el Universo desde este poderoso centro cósmico. En su manifestación, este ritmo pasa por 12 etapas o fases, que la astrología estudia como los 12 signos zodiacales.

El espacio alrededor de la Tierra está estrictamente estructurado por los signos del zodiaco. Cada uno de estos espacios tiene su propia energía única. La radiación de cualquier cuerpo cósmico (incluyendo, ante todo, los planetas), antes de llegar a la Tierra, atraviesa la energía de este espacio, tiñéndose con sus cualidades.

Transferidos al ser humano, los signos zodiacales determinan el cuerpo humano, sus estructuras anatómicas y las cualidades ocultas potenciales que se definen a través de las cualidades de los planetas.

Si partimos del principio holístico, entonces la enfermedad es un desequilibrio, un trastorno entre el estado de las cosas en el mundo externo y dentro del organismo.

Este desequilibrio surge cuando la persona pierde la capacidad de adaptarse adecuadamente al flujo natural y cambiante de la vida. Esto ocurre por diversas circunstancias: hábitos arraigados, distorsión de la visión del mundo, pereza espiritual, entre otros. La vida exige constantemente cambios y movimiento a la persona. Si estas necesidades y tensiones (químicas, dietéticas, ecológicas, temperamentales, psicológicas, hereditarias) no se satisfacen ni se resuelven durante demasiado tiempo, la tensión se acumula en el organismo, los mecanismos de defensa se destruyen y aparecen disfunciones.

Estas necesidades de cambio y desarrollo pueden rastrearse en la carta astrológica; podemos prever qué órganos de una persona en particular son especialmente propensos a la tensión y a la alteración de sus funciones.

La astrología sabe que las posiciones dominantes de los planetas, relacionadas con dificultades de desarrollo en la carta natal de cualquier persona, se refieren a aquellas partes del organismo que más rápidamente se debilitan bajo estrés, presión o cualquier malestar o frustración. La precisión de las predicciones aumenta especialmente cuando estos aspectos se relacionan con el eje del duodécimo al sexto house, que desde la antigüedad se asocian con temas de salud y enfermedades.

El método holístico, basado en la filosofía hermética o filosofía de la Unidad, nos obliga a prestar atención al tema de la interconexión de todo lo existente, que opera en todos los niveles. En cuanto a nuestro tema de la astrología médica, bajo esta interconexión entendemos la conexión entre lo espiritual, lo anímico y lo corporal en el ser humano. Cualquier desequilibrio en un nivel provocará el mismo desequilibrio en todos los demás niveles.

En el ámbito de la medicina, desde la antigüedad, prevalece precisamente este enfoque, es decir, la salud se favorece mediante la coherencia, la armonía y la unidad. Esta axioma se aplicaba desde los tiempos de Hipócrates y su concepto de equilibrio en la naturaleza[1].

Es importante comprender la profundidad del concepto de interconexión. No se trata simplemente de la relación entre un sistema del organismo y otro, y así sucesivamente. Es un espectro completo de interconexiones: a nivel molecular y celular, en los niveles de los órganos, del organismo completo, de las especies vivas y de la vida.

La teoría de la interconexión tiene una estructura jerárquica: cualquier influencia en un elemento de la cadena afecta a todos los niveles. Por ejemplo, se sabe que una mutación en el ADN puede influir en la vida de una persona (basta con reflexionar un momento sobre ello). Y, a la inversa, la pérdida de un trabajo puede afectar al corazón y a los procesos bioquímicos del organismo.

Cuando se altera la interconexión, surgen las enfermedades:

  • cuando se interrumpe el vínculo entre las células y las hormonas reguladoras, aparecen tumores;
  • al perturbarse la conexión entre la conciencia y el subconsciente, se observan neurosis y psicosis;
  • al aislarnos de las personas, sentimos alienación y nos convertimos en sociopatías;
  • si un grupo social se aísla del mundo o se rebela contra otro grupo (es decir, se interrumpe el intercambio y la comunicación mutuos), el resultado es el odio, la guerra y la destrucción;
  • si se corta el vínculo entre lo individual y lo espiritual, se pierde el sentido de la vida, se altera la orientación y se acumula el dolor anímico.

La deficiencia acumulada de desarrollo (incluyendo factores hereditarios) allana el camino a las enfermedades. Las enfermedades en sí mismas solo surgen cuando, a pesar del cuadro astrológico natal general.

En la época del freudismo, entre los años 50 y 60 del siglo XX, los psicoanalistas estaban convencidos de que la enfermedad era la manifestación de un conflicto en el subconsciente proyectado sobre el organismo: cuando una persona no puede hacer frente a problemas graves, desarrolla cáncer. Aunque esta teoría no fue predominante, se le dio gran importancia, pero no respondía a todas las preguntas ni se aplicaba de manera amplia. Solo es uno de los niveles importantes de comprensión de las enfermedades graves.

En la actualidad, cada vez aparecen más libros tanto sobre las causas mentales (de fondo) de las enfermedades físicas como sobre los «antídotos» mentales. Por ejemplo, al hablar de los infartos, Louise L. Hay considera que su causa es «la represión de toda alegría en el corazón, reemplazada por el dinero o la posición social». Ella propone la siguiente afirmación positiva (creencia correctiva o preventiva): «Mi corazón late al ritmo del amor». Existen numerosos ejemplos de cómo la falta de estabilidad material y las preocupaciones asociadas a ella han llevado a enfermedades cardíacas, rupturas de relaciones e incluso han impedido que estas surgieran.

Encontrar sentido en cualquier cosa alegra la mente. Incluso la interpretación correcta de la información tiene un valor terapéutico, ya que favorece la adecuada integración en el flujo de la vida. La satisfacción mental trae relajación, alivia el estrés. Las percepciones se aclaran, la personalidad se confirma y la vida adquiere significado.

Nuestra tarea en el estudio de los aspectos astrológicos de las enfermedades es evaluar, mediante el horóscopo, las posibilidades del organismo y sus sistemas, determinar el potencial de aparición de enfermedades peligrosas durante el proceso de envejecimiento y descubrir en qué período se observa el estado más crítico de este potencial. Así, identificamos los puntos débiles y emitimos advertencias.

¡Sin embargo! Hay que entender que no podremos diagnosticar con un 100% de certeza, basándonos únicamente en la carta astral, ya que no somos capaces de medir con exactitud el déficit acumulado de desarrollo o el déficit genético, ni comprender del todo cómo la mente reacciona ante el nivel de desarrollo espiritual de la persona ni las conclusiones que extrajo de sus vidas pasadas. Solo podemos precisar, según las particularidades de cada caso, los puntos débiles del organismo.

Utilizando la astrología predictiva, especialmente los tránsitos de los planetas superiores, determinamos los períodos de la vida en los que surge la máxima amenaza para el funcionamiento de los sistemas del organismo y, por tanto, el peligro para la vida.

Al indagar en las causas de las enfermedades, la astrología puede penetrar más profundamente y ser más efectiva que la medicina. En cuestión de segundos, los parámetros astrológicos revelarán cómo el grado de déficit de desarrollo contribuye a la aparición y el aumento del potencial de enfermedades específicas, y, lo más importante, determinarán el momento en que se desarrollan las enfermedades peligrosas. La astrología permite centrar la atención, ante todo, en el paciente y en el sentido de los eventos de su vida. En manos expertas, la esencia energética y dinámica de la astrología promete desvelar las causas del desequilibrio y convertirse en la clave para el bienestar psicológico, espiritual y físico.

© Natalia Perestoronina

[1] Casi todos los pensadores de la antigua Grecia consideraban la idea de equilibrio y armonía como de suma importancia para una vida plena. Heráclito (aprox. 528 a.C.) empleaba la teoría del equilibrio en el mundo de tendencias opuestas; más tarde, Empédocles desarrolló sus ideas introduciendo los elementos como causa primera de las cosas dentro del equilibrio general (la discordia separa, el amor une, es decir, la alteración y la armonía). Las propuestas de Pitágoras se referían a los modos de mantener el equilibrio, Anaxágoras planteaba las ideas del microcosmos/macrocosmos y la divisibilidad infinita de la materia. La presencia del bien condiciona el mal; la presencia de la salud, la enfermedad.

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