Foto: DepositPhotos.com Parece incluso algo natural que una gran cantidad de matrimonios terminen en divorcio, pero ¿por qué las personas que van al registro civil con la única idea de que será una vez para toda la vida, después de un tiempo piensan de manera completamente diferente y corren a presentar la solicitud de divorcio? Aunque según León Tolstói todas las familias felices son como gemelos siameses, y las infelices tienen “sus propias cucarachas”, el profesor de psicología John Gottman, quien abrió un laboratorio de investigación del amor y estudió los problemas matrimoniales durante cuatro décadas, descubrió cuatro indicadores que señalan la viabilidad de un futuro conjunto para la pareja.
Criticismo
Por supuesto, cuando los cónyuges están insatisfechos con algo y se quejan. Más profundamente, esto es criticismo. Es cuando el objeto de los ataques no es la acción del compañero, sino su personalidad. Olvidó pagar los servicios públicos no por un lapsus de memoria, sino porque es un “rabanito” (una mala persona).
Desprecio
La raíz del mal. Burlas maliciosas, mofas, insultos y sarcasmos en público. Cualquier forma de actitud despectiva “en exhibición” asesta un golpe devastador a la armonía de las relaciones conyugales; la base de este comportamiento es la aversión hacia la pareja. Al demostrar constantemente aversión hacia la otra mitad, es muy difícil, o más bien prácticamente imposible, resolver cualquier problema.
Comportamiento defensivo
Mantener una postura defensiva es otro método para culpar a la pareja. En otras palabras, el culpable es el compañero, no yo. Esta postura defensiva es incorrecta; su resultado será, por el contrario, la intensificación del conflicto, y ahí radica el peligro.
Silencio “en pañuelo”
El conflicto de ideas está en pleno apogeo, y la pareja, levantando un “muro de piedra”, interrumpe la conversación. Sin embargo, al guardar silencio, además de evadir el conflicto, la pareja se retira de la relación a nivel emocional, matándolas así.
En el curso de sus investigaciones, John Gottman llegó a la conclusión de que la ruptura de las relaciones no se debe a las pasiones de los cónyuges ni a la diferencia de sus opiniones. El 69% de los problemas en la unión de dos personas no tienen solución. A pesar de años de lucha mutua implacable y el deseo de cambiarse mutuamente, los problemas persisten. Por lo general, estos conflictos surgen debido a la incompatibilidad de valores, características de personalidad y estilo de vida de las parejas. Tales discusiones matan inútilmente las células nerviosas y consumen mucho tiempo. Si no se puede cambiar, hay que aceptarlo tal como es, y eso es todo.
Según el investigador estadounidense, las posibilidades de enfermar aumentan en un 35% en las parejas que han contraído un matrimonio fallido. Además, este tormento familiar acorta la vida en aproximadamente 4 años.
Ha estudiado tanto este tema que le bastan unos minutos de conversación con una pareja para describir el futuro de su familia.
Y un hecho más. Una pareja feliz tiene recuerdos compartidos agradables (o más bien, hay un 94% de probabilidad de ello). Una señal de alarma es cuando hay distorsión de los recuerdos o un cambio rápido en ellos.



