
Continuando con la temática mitológica, nos adentramos en el signo de SAGITARIO.
El dios de la tormenta que envía la lluvia fértil, personificación del planeta Júpiter, adopta la imagen del padre de los dioses y del severo soberano que asombra con sus flechas-relámpago, e incluso su nombre proviene del dios del Cielo luminoso. Así, el nombre Zeus es una transformación del antiguo Dyaus, y de esa misma raíz surge el nombre Júpiter («padre de la luz»). En la conciencia mítica surge la imagen de un rey-sacerdote que, mediante rituales, se comunica con las fuerzas elementales y, apelando al cielo, puede invocar la lluvia. Y con frecuencia, el soberano del panteón es el dios del trueno. El dios del trueno domina las cuatro elementos: como el centauro Sagitario, se alza sobre cuatro patas en la tierra y lanza la flecha de su pensamiento, que alcanza los cielos omnividentes y le otorga el conocimiento de las leyes de la naturaleza.
La posición del dios del trueno entre el Cielo y la Tierra lo asocia con lugares elevados, especialmente abiertos, donde cae con mayor frecuencia el rayo, y su nombre indoeuropeo proviene de la palabra *pergunos* — «roca» (de ahí el nombre ruso del dios Perún). Históricamente, la mitologema jupiteriana lleva a la humanidad más allá de las relaciones tribales y corresponde al inicio de las uniones estatales basadas no en el parentesco, sino en la ideología.
A veces, el signo de Sagitario, al igual que Zeus, sostiene el orden social alcanzado por la cultura, y en otras ocasiones afirma una nueva cosmovisión. De este rey de los dioses, Sagitario hereda la responsabilidad sobre todo lo que se le ha encomendado, lo que a veces permite ver en su carácter una autoridad de líder. Este signo comprende tan bien la estructura social que se atreve a oponerse a la sociedad, adoptando una posición activa frente a ella, lo que lo confirma como reformador. Lleva sus ideas abiertamente, y su vocación de mediador lo impulsa a transmitir su concepto a los demás y ofrecerlo a la sociedad.
Mirando la vida desde las alturas, Sagitario lucha contra el caos vital, organizándolo con la palabra y el pensamiento, similar a Marduk, que venció a Tiamat. Su honestidad y justicia preservan el orden legítimo de la paz. Los sagitarianos poseen rasgos caballerescos. Basándose en los ideales revelados en las tradiciones y rituales, Sagitario crea una base sólida para el presente e infunde al mundo la confianza en el futuro.
Al ampliar horizontes, Sagitario huye de las cadenas de la existencia cotidiana y del hogar natal, viaja mucho e investiga diversas culturas. Como la lluvia fértil del dios del trueno, que extrae su fuerza del Cielo, el pensamiento de Sagitario fecunda el árido suelo de la Tierra pragmática con los valores espirituales de Dios. Pero así como al dios de la tormenta le cuesta hacer que la humedad celestial alcance la tierra, a los sagitarianos no les resulta fácil llevar sus planes a un resultado de calidad. Ver en acción sus ideales de bondad es la principal tarea de este signo.
(Autor: A. Gromova, según los materiales de Semir y V. Vetash «Astrología y mitología»)



