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Astrología: raíces históricas

Історичне коріння

Investigadores de nuestros días coinciden en que el nacimiento y formación de la astrología ocurrió entre los milenios III y V a.C. En esa época, formaba parte del sistema religioso. Se instruía en astrología a personas (babilonios, caldeos, sumerios, acadios) que habitaban la antigua Mesopotamia (entre los ríos Tigris y Éufrates). Sin duda, se puede afirmar que el bagaje de conocimientos de estos pueblos mesopotámicos sobre las leyes del universo lo heredaron de pueblos anteriores. Probablemente, la astrología llegó a la Mesopotamia desde la legendaria Atlántida, ejemplo de alta cultura y espiritualidad.

Más tarde, desde Mesopotamia, la astrología llegó a Grecia y Egipto, donde, en un momento dado, pasó de ser una religión a convertirse en una protociencia. Desde allí, se expandió hacia el Este (India, China, Persia) e incluso alcanzó las costas de la isla de Yucatán (antes habitada por el pueblo maya).

Arqueólogos modernos han descubierto multitud de tablillas de arcilla con registros cosmológicos en escritura cuneiforme. Tras estudiarlas, los científicos establecieron los principios fundamentales del saber astrológico de los pueblos antiguos:

  • el mundo no tiene principio ni fin;
  • el universo se halla en un movimiento cíclico continuo;
  • la vida y el destino de las personas están sujetos a las leyes del cosmos;
  • los dioses astrales rigen el tiempo y todos los procesos de la Tierra;
  • en el universo existe la polaridad entre el bien y el mal.

El contenido de las tablillas también confirma que la astrología era una parte inseparable de la vida de los pueblos antiguos. Cualquier actividad de importancia estatal debía realizarse siguiendo al pie de la letra las leyes y normas cosmológicas. Los reyes, asesorados por astrólogos, elegían el día de su coronación, la construcción de iglesias y palacios, el inicio de campañas militares y muchos otros eventos.

Al expandirse por el mundo, la astrología se entrelazó con las civilizaciones de distintos países. Las particularidades y el nivel de desarrollo espiritual de cada pueblo determinaban la especificidad de sus enseñanzas sobre las leyes del universo y su influencia en los destinos humanos.

Zonas de desarrollo de la astrología

Pero en la historia de la astrología también hay muchos puntos oscuros. Al intentar comprenderla, a menudo surge la sensación de que en algún momento hubo grandes conocimientos que se fueron olvidando poco a poco. Hay pruebas de que en Egipto, durante la época de construcción de las pirámides (alrededor del 2400 a.C.), existía un profundo y avanzado entendimiento de la astronomía (o, mejor dicho, de la astrología, ya que en aquel entonces la astronomía era una parte inseparable de la astrología). En esa época se crearon calendarios bastante complejos, y ya en el 1650 a.C., los egipcios parecen haber comenzado a borrar de la memoria el origen astronómico de esos calendarios.

En general, se puede afirmar que la astrología llegó a Europa (nos centraremos en el ámbito europeo de la astrología, por ser el más cercano a nuestra percepción del mundo) desde fuentes persas, egipcias y babilónicas. Los intermediarios en este proceso, así como los intérpretes y difusores de los conocimientos astrológicos en los primeros siglos d.C., fueron los filósofos griegos. Fue precisamente la obra griega la fuente de la astrología para el mundo desarrollado de la época, en particular para el Imperio Romano. La astrología desempeñó un papel fundamental en el Imperio Romano y, para el siglo IV d.C., se había consolidado por completo como una ciencia reconocida.

Pero tras la caída del Imperio Romano hacia el año 500 d.C. y la aparición de reinos bárbaros europeos (actuales Francia, Alemania, Italia, etc.), la tradición astrológica en Europa Occidental y Central se interrumpió. Incluso en Oriente, en el Imperio Bizantino, la situación religiosa y política no permitía el libre desarrollo de la práctica astrológica.

Fue entonces cuando irrumpieron los árabes. Para el año 711 d.C., su imperio abarcaba desde la actual España, al oeste, hasta la India, al este. En el siglo VIII, los reyes árabes y los líderes musulmanes en general instaron a su intelectualidad a dominar el griego y a incorporar los logros científicos de otros pueblos. Así, la astrología griega, al igual que otras ciencias griegas, se convirtió en un componente esencial de la ciencia islámica árabe. En esta forma, la astrología continuó desarrollándose, mientras que en Europa, durante seis siglos (del 500 al 1100 d.C.), su práctica fue extremadamente difícil.

Una de las principales razones del declive del desarrollo astrológico en Europa fue la lamentable situación en el ámbito de la educación matemática y científica general, que siguió a la «muerte» del Imperio Romano. Pero hacia el año 1100, Occidente comprendió, al fin, la necesidad de impulsar la ciencia, algo que ya había ocurrido en el Oriente musulmán en el siglo VIII. Los textos científicos árabes (incluida la astrología) comenzaron a traducirse masivamente al latín. El resultado fue una era de renacimiento del interés por la astrología en Europa, que se prolongó hasta el siglo XVII.

La revolución científica generó en algunos intelectuales occidentales la ilusión de que, en un futuro cercano, todos los secretos de la naturaleza serían descubiertos mediante la razón y la ciencia experimental. La amplia difusión de la teoría heliocéntrica de Copérnico y el posterior descubrimiento de nuevos planetas se percibieron como un refutación de la astrología, que utilizaba el modelo geocéntrico de Ptolomeo y solo cinco planetas visibles.

Como consecuencia, a finales del siglo XVII, en la Europa continental la práctica de la astrología judicial prácticamente había desaparecido. En Inglaterra, en cambio, la tradición astrológica persistió, o al menos no se interrumpió del todo, debido a que en este país existía una fuerte tradición de medicina herbal que incluso empleaba conocimientos astrológicos.

En esa época, comenzaron a exigirse a los astrólogos que demostraran la «cientificidad» de su actividad, por más fantástico que esto pueda sonar tratándose de una de las ciencias más antiguas. En nuestros días, la definición de ciencia se ha reducido enormemente. Todo lo que no podía argumentarse con «palos y cuerdas» era declarado no científico. Aquellos astrólogos que buscaban el reconocimiento público comenzaron a proponer (y aún hoy lo hacen) diversas interpretaciones racionalistas de la astrología. Sin embargo, en lo que respecta al ámbito del conocimiento creado sobre bases filosófico-religiosas antiguas, esto no resulta tan difícil.

En esa época, mientras la ciencia se transformaba y el mundo experimentaba grandes cambios, el papel del astrólogo en la sociedad también evolucionaba. En el pasado, algunos astrólogos ejercían también como matemáticos, médicos o traductores. Tenían un alto nivel educativo y sus clientes eran principalmente la aristocracia y la Iglesia, es decir, las clases gobernantes de la época. Por ejemplo, uno de los representantes más importantes de la astrología medieval, Guido Bonatti, era de sangre noble y predecía a los presbíteros qué rango podrían alcanzar: obispo, cardenal o, tal vez, Papa… Asesoraba a miembros de la realeza y aristócratas en asuntos de política, guerra y gestión estatal.

Más tarde, el poder pasó principalmente a manos de la burguesía, y el aumento de la alfabetización entre los trabajadores trajo consigo el surgimiento de la astrología popular, la misma que hoy llena las últimas páginas de numerosos medios de comunicación. La educación también cambió su enfoque: el énfasis se puso en ingenieros, gerentes, banqueros, mientras que el dominio de idiomas y la filosofía perdían gradualmente valor e importancia. Cuando, a mediados-finales del siglo XIX, en Europa resurgió el interés por la astrología, solo algunos pudieron acceder a las fuentes, la mayoría de las cuales seguían sin traducirse del latín, el árabe y el griego.

El creciente escepticismo de la sociedad ante la idea de que todos los secretos humanos podían explicarse mediante la razón y la ciencia propició el resurgimiento del interés por la astrología en el siglo XIX. La comprensión de la ciencia comenzó a ampliarse, y para el siglo XX ya nadie se sorprendía ante disciplinas como la psicología, cuyos métodos y objetos de estudio en muchos casos se alejan del estándar racionalista.

Animados por el éxito social de la psicología, algunos astrólogos del siglo XX comenzaron a intentar «enseñar» a la astrología, vinculándola con la psicología. Así surgió y se desarrolló la astrología psicológica, que, a diferencia de la astrología clásica, se centra en el mundo espiritual del ser humano.

No obstante, a finales del siglo XX resurgió el interés por los trabajos astrológicos clásicos, por esos métodos y corrientes que habían caído en el olvido. De ahí surgió la era del renacimiento de la Astrología Horaria, así como la traducción de numerosas obras al latín y al griego en el marco del proyecto Hindsight.

Mientras tanto, en las ciencias materialistas comenzó a gestarse la idea de que existen ciertos límites más allá de los cuales rigen leyes completamente distintas. Los descubrimientos en física permiten demostrar que, por sólidos que parezcan, los marcos racionalistas comienzan a resquebrajarse.

Estamos convencidos de que la astrología puede aportar mucho más beneficio a la humanidad de lo que lo hace en la actualidad.

Para cerrar este recorrido histórico, mencionaremos algunos de los nombres más destacados hasta hoy. En la historia de la astrología han brillado grandes filósofos/sabios:

  • Ptolomeo (siglo II d.C.) — uno de los fundadores de la astronomía y la astrología. No enumeraremos aquí todos sus innumerables méritos en el campo astronómico — pueden consultarse en múltiples fuentes de referencia en medios o internet. No obstante, Ptolomeo es el autor del Tetrabiblos, la primera guía completa de astrología. En esta obra, se esfuerza por explicar con exhaustividad los principios astrológicos desde la perspectiva científica de su época.
  • Al-Biruni (siglos X–XI) — escribió obras dedicadas a la medicina, la geografía, la física, la astronomía, así como el tratado Kitab al-Tafhim li-awa’il Sina’at al-Tanjim (Libro de instrucción sobre los principios del arte de las estrellas), un manual de astrología para principiantes.
  • Paracelso (siglos XV–XVI), famoso sanador que valoraba la astrología como parte esencial de su arte. Afirmaba que un médico sin el arte de interpretar las constelaciones astrológicas era un “pseudomédico” y que el remedio medicinal se hallaba en la bóveda celeste.
  • Tycho Brahe (siglo XVI), conocido como el “rey de los astrónomos”, fue también astrólogo y alquimista. Logró una precisión sin precedentes en mediciones astronómicas, escribió almanaques astrológicos para el rey de Dinamarca e interpretó los “horóscopos natales” de sus hijos. Algunas de sus predicciones alcanzaron gran popularidad.
  • Johannes Kepler (siglos XVI–XVII), astrónomo cuya leyes son fundamentales para el cálculo de órbitas de naves espaciales. En su primer almanaque astrológico, predijo un invierno extremadamente frío y la invasión turca en el territorio de Austria. Cuando ambos vaticinios se cumplieron, su fama como profeta se consolidó. Aunque rechazaba la astrología vulgar, similar a los horóscopos periodísticos de “hoy”, introdujo nuevos elementos en la teoría astrológica.
  • Carl Gustav Jung (siglos XIX–XX), destacado psicólogo y psiquiatra que estudió a fondo la astrología y la aplicó en su práctica profesional. Una de sus investigaciones astrológicas alcanzó gran reconocimiento y se convirtió en un excelente motivo para reflexionar sobre la naturaleza humana y la esencia de la astrología.

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