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Temperamento y organización de la creatividad o los elementos en el horóscopo

La eficacia de la actividad creativa está relacionada con el temperamento. Es útil tener en cuenta que las personas con diferentes temperamentos manifiestan de distinta manera las siguientes cualidades:

1. Capacidad para escuchar y comprender la tarea;
2. Habilidades predictivas;
3. Habilidad para tolerar la incertidumbre;
4. Capacidad para generar ideas («potencia de la fuente de ideas»; su eficiencia y grado de novedad);
5. Habilidad para superar las dificultades que surgen en el camino hacia la solución;
6. Deseo y capacidad para trabajar en equipo creativo.

Condiciones para la creatividad del sanguíneo.

Al plantear una tarea a un sanguíneo, hay que considerar que tiende a interrumpir al interlocutor para desviar la conversación de un tema desagradable. Por lo tanto, en primer lugar, es necesario garantizar la continuidad de su atención hasta el planteamiento definitivo de la tarea.

La movilidad psíquica del sanguíneo puede traicionarlo, reduciendo su concentración y llevándolo a decisiones apresuradas y superficiales. Por eso, una tarea compleja que requiera un esfuerzo prolongado le resulta moralmente difícil y se resuelve con mayor éxito si se presenta como una serie de logros y avances individuales. Estas cualidades hacen recomendable dividir el problema en partes y plantear ante el sanguíneo, periódicamente, nuevas tareas —preferiblemente interesantes—, cada una de las cuales requiera concentración y esfuerzo durante un tiempo aceptable para él. En este sentido, es necesario incentivar sistemáticamente sus esfuerzos. De lo contrario, se aburrirá y pasará a otra cosa. Además, para evitar este cambio prematuro de actividad, conviene recordar periódicamente las perspectivas que se abrirán tras resolver con éxito la tarea, convenciendo al sanguíneo de una pronta y grandiosa victoria.

Al considerar las capacidades predictivas de los sanguíneos, no debemos pasar por alto que destacan tanto en táctica como en estrategia, aunque son mejores en táctica. El fracaso profesional del sanguíneo suele deberse a su incapacidad para prever las consecuencias lejanas de sus acciones, a esperanzas excesivamente optimistas, a la falta de discernimiento en la elección de medios y a su inclinación por la aventura. Sin embargo, ante los fracasos, el sanguíneo no cae en la desesperación, sino que busca un nuevo campo para aplicar su energía.

El sanguíneo tolera con facilidad la incertidumbre, ya que sabe cambiar a otras tareas o esferas de actividad. Se caracteriza por su variedad de intereses, por lo que se aburre dentro de un problema estrecho. Si un objetivo es inalcanzable, lo reevalúa. Entonces, lo que antes ocupaba el primer lugar en su jerarquía de valores pasa a un segundo plano, y surge una nueva prioridad. Esta capacidad del sanguíneo —cambiar de dirección en cualquier momento— le permite tolerar la incertidumbre durante más tiempo.

Al generar ideas, al sanguíneo no le preocupa demasiado su veracidad o viabilidad. Prefiere el proceso de usar más la imaginación que sus conocimientos, y más su papel en la acción que los resultados obtenidos. Por eso es libre y desinhibido, y sus propuestas están llenas de ideas superficiales. Esta actitud, aunque no le reporte frutos personales, influye positivamente en el bienestar y la productividad de los demás compañeros. Cuando el sanguíneo está convencido de que el objetivo es significativo para él personalmente, se le pueden encomendar tareas muy complejas y exigentes, ya que una de sus características es la capacidad de concentrarse en la meta principal. Una vez comprendida la meta, se convierte en una persona enérgica, una personalidad fuerte y un excelente líder.

La capacidad para trabajar en equipo es una de las fortalezas del sanguíneo, por lo que suele asumir el rol de líder. En esta función, posee los conocimientos suficientes para comprender el problema y la suficiente confianza en sí mismo para transmitir esa seguridad a los demás. Al trabajar en grupo, el sanguíneo prefiere la estrategia de colaboración, ya que, por un lado, cuenta con recursos energéticos y necesidad de trabajo intenso, y, por otro, tiene umbrales emocionales bajos y un locus de control interno, además de una actitud positiva hacia sí mismo y los demás.

Es importante destacar que no solo es ambicioso y pragmático, sino que también sabe presentar ante la alta dirección la importancia de su propio trabajo y el de sus subordinados.

Condiciones para la creatividad del colérico.

Al escuchar una tarea, el colérico, al igual que el sanguíneo, suele interrumpir al interlocutor, pero no para evitar un tema desagradable, sino porque teme olvidar las ideas que se le ocurren y se apresura a expresarlas. Por ello, la estrategia para plantear la tarea al colérico es diferente: hay que permitirle que interrumpa cuantas veces sea necesario y, al final, repetir todo desde el principio. Al reflexionar sobre la tarea para el colérico, hay que tener en cuenta que, al ser una persona muy activa, las actividades monótonas que requieren paciencia y perseverancia le resultan contraproducentes. Por eso, la tarea debe estar diseñada para un plazo prolongado. Y, si es necesario, dividir todo el volumen en pequeñas partes, presentando cada una como una tarea independiente y exigiendo un informe sobre cada avance, evaluando de manera integral lo logrado.

El colérico es más táctico que estratega. Es una persona impulsiva y siempre orientada hacia adelante; le interesa poco el pasado y le cuesta cambiar su atención hacia lo ya recorrido. Esto debilita su capacidad para analizar los resultados obtenidos. Ante la incertidumbre, el colérico busca deshacerse de ella rápidamente. Sin embargo, al dedicar poco tiempo a evaluar la situación y confiar plenamente en sí mismo, cuando la incertidumbre aumenta (al incrementarse el número de tareas o parámetros), no modifica su estrategia. Como consecuencia, el número de errores en su trabajo crece rápidamente.

Al colérico le gusta combinar ideas absolutamente distintas, poco convencionales, y crear algo nuevo y original a partir de ellas. Cuando surge una idea interesante, está dispuesto a contarla al mundo entero. Es un incansable propagandista de sus ideas y, por ello, capaz de entusiasmar a muchos con su visión. En este aspecto, es importante recordar que, durante el proceso de generación de ideas, el colérico no acepta críticas.

Al realizar tareas, el colérico tolera mejor el estrés que genera la creatividad que los representantes de otros temperamentos; no teme las cargas de trabajo y, por tanto, tiene ventaja cuando es necesario manejar grandes volúmenes de información. Los coléricos buscan resolver tareas que superan la dificultad media y, a menudo, lo logran con éxito. Como no puede esperar mucho tiempo, se limita a comenzar una tarea para luego abandonarla o venderla, perdiendo tiempo o dinero. Así mismo, suele inventar cosas, pero no es capaz de desarrollar su invento. Teniendo en cuenta estas características, es útil asignarle roles de vanguardia. Detrás de él debe haber un equipo que «consolide» y formalice los resultados.

Dado que la confianza subjetiva del colérico en sus resultados es significativamente mayor que la de los flemáticos y melancólicos (y tiende a tomar decisiones rápidas sin un análisis exhaustivo), el control y la evaluación deben ser encomendados a otra persona. No obstante, las verificaciones deben organizarse con tacto, ya que el colérico tolera mal las limitaciones disciplinarias, los reglamentos y el control. Es mejor realizar el control mediante documentos escritos, sin contacto directo con el ejecutante, teniendo en cuenta su irritabilidad y conflictividad. La comunicación del colérico con el equipo tiene una particularidad: a diferencia de los representantes de otros temperamentos, no le irrita e incluso estimula la situación de rivalidad. Tiende a emitir juicios demasiado rápido, rechazando de inmediato ideas que podrían ser muy valiosas.

Condiciones para la creatividad del flemático.

En el proceso de percibir una tarea, el flemático intenta clasificar la información y encajarla en su esquema, percibiendo solo lo que se ajusta a él, incluso si para ello debe omitir parte de la exposición. Piensa largo rato sobre lo escuchado y, al responder, suele dar una respuesta incompleta que luego complementa tras una pausa prolongada. Por ello, al final de la conversación, es conveniente pedirle que formule la tarea tal como la entendió. Al escuchar su propio relato, el flemático, mediante preguntas aclaratorias, llena los vacíos que surgieron. Al preparar una tarea para el flemático, hay que considerar que necesita una tarea de peso a largo plazo. Está convencido de que no se puede lograr nada sustancial con prisas. Hay que involucrarlo gradualmente en la tarea, ya que se adapta lentamente y no tolera bien cambiar a otras tareas. Por tanto, cuando sea necesario, se puede presentar una nueva tarea como una continuación o desarrollo de la anterior. Los talentos predictivos del flemático están relacionados con su interés por el pasado y, por ello, puede considerar bien la diversidad de líneas de desarrollo en largos intervalos del futuro. Su objetivo en las suposiciones es reducir al mínimo lo impredecible y disminuir la incertidumbre. Por eso, es mucho más estratega que táctico. Un científico flemático traza direcciones estratégicas de actividad y, a menudo, dedica toda su vida a un solo tema. Si el tema es prometedor, logra éxitos destacados.

El flemático es capaz de abordar tareas de gran complejidad incluso bajo alta incertidumbre. Como se adapta mal y lentamente a nuevas tareas, hay que asignar más tiempo a la primera fase de trabajo. El flemático invierte mucho tiempo en recopilar información y evaluar sus datos iniciales. Sin embargo, más adelante no tendrá que cambiar la dirección del trabajo ni volver al inicio. Para que su labor sea efectiva, es deseable que la nueva tarea siga la línea de las anteriores.

La principal estrategia del flemático para superar dificultades es la metodicidad. Es una persona trabajadora, meticulosa, que necesita llevar cualquier asunto iniciado hasta el final. Su resistencia y paciencia lo convierten en un profesional en su campo. Le gusta el orden establecido de una vez por todas: todo debe estar en su lugar y ocurrir en su momento. El ideal del flemático es una vida planificada y predecible; no le gustan las “sorpresas” ni los cambios en el curso habitual de los eventos. La ventaja del flemático es que, al aumentar la cantidad de hipótesis y tareas analizadas, la cantidad de decisiones erróneas en él prácticamente no aumenta. Por otro lado, puede ejercer un control bastante riguroso sobre sus propios resultados.

Al discutir la posición del flemático en un equipo, hay que recordar que tendrá más éxito en desarrollos individuales. En esto, es un miembro confiable del grupo, ya que no le gusta cambiar ni de lugar ni de carácter de trabajo. Sin embargo, al trabajar con él en equipo, hay que ser cauteloso: puede, sin profundizar, aceptar una opinión errónea de los demás y no defender la suya, correcta, solo por pereza de involucrarse en la discusión. Pero si se involucra, ya no escuchará las opiniones de nadie. Mientras los demás aún discuten, él ya actúa a su manera.

Condiciones para la creatividad del melancólico.

Al plantear una tarea al melancólico, hay que recordar que a menudo está tan absorto en sí mismo y en sus emociones que casi no escucha ni percibe al interlocutor. Por ello, ante todo, hay que asegurarse de que el melancólico esté involucrado en la situación. Una inclusión exitosa del melancólico en el trabajo permite aprovechar al máximo su alta receptividad a las nuevas corrientes. Tiene una percepción intuitiva elevada, siente primero los nuevos vientos en todas las áreas de la ciencia y la técnica, “captando el viento en las velas”. En este sentido, el melancólico actúa como un instrumento sísmico de medición de débiles oscilaciones. Sin embargo, incluso al captar estas oscilaciones, muy a menudo no confía en sí mismo ni genera confianza en los demás. Por eso, es tan importante escuchar con atención incluso sus tímidas recomendaciones y no exigir una fundamentación profunda ni su implementación independiente, encargando estas tareas a otros. Al mismo tiempo, al preparar una tarea para él, hay que recordar que lo principal es no asustarlo y subrayar de todas las formas posibles que la tarea es sencilla y tiene todas las posibilidades de ser resuelta.

Los melancólicos evitan hacer pronósticos y planificar, ya que temen la decepción. Pero cuando el melancólico se atreve a visualizar su futuro, gana fuerzas para alcanzar resultados. Sus capacidades predictivas dependen en gran medida de la magnitud de la amenaza percibida, generada por la incertidumbre. Cuando esta tensión supera cierto valor límite, el melancólico pierde su comportamiento dirigido a un objetivo y comienza a aumentar su deseo de utilizar estrategias espontáneas y aleatorias (si no se esconde, actúa de manera impulsiva).

El melancólico considera cualquier tarea vital como algo muy importante y grave, creyendo que requerirá de él fuerzas increíbles. Al mismo tiempo, está convencido de antemano de que no tendrá ni la energía física ni la mental suficientes para resolverla. Entonces surge la pregunta: “¿Cómo protegerse de cargas excesivas?”. En un desarrollo favorable de los eventos, el melancólico, en esencia, no permitirá situaciones que no pueda manejar. Fuera de situaciones extremas, sabe organizar bien diversos enfoques y técnicas para resolver la tarea y ejecuta el programa trazado con esmero y economía. Tiene muchas menos probabilidades que el sanguíneo y el colérico de caer en situaciones de apuro, ya que se prepara con el mayor cuidado para el trabajo, considerando las posibilidades de aparición de situaciones desfavorables y reflexionando sobre su comportamiento. En un conflicto, los melancólicos prefieren la estrategia de evitación. Esto se debe a su alta sensibilidad emocional. Además, prefieren tareas con mayor probabilidad de éxito. Sin embargo, los melancólicos se caracterizan por una enorme correspondencia entre el nivel de sus aspiraciones y el nivel de las tareas que realmente pueden realizar, es decir, sus aspiraciones son más realistas que las de los sanguíneos y coléricos, que suelen tener aspiraciones irreales, a menudo infladas.

Granóvskaya R.M., 2004

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