Con frecuencia ocurre que conocemos a un grupo de personas con las que deseamos mantener relaciones en el futuro, y no tanto con algún individuo en particular.
Esto sucede, por ejemplo, cuando un grupo de personas se une por una actividad pública común, o cuando se trata de vecinos con los que inevitablemente nos cruzamos al sacar a pasear al perro, también pueden ser los clientes habituales del café donde tomamos café los sábados, o los miembros de un club de intereses al que nos hemos unido recientemente. Tales círculos resultan ser, hasta cierto punto, privilegiados, es decir, dentro del grupo todos se conocen y saben todo sobre los demás, por lo que el recién llegado se siente tan ajeno que le parece imposible convertirse en uno más de ellos. En un grupo muy unido, las personas que lo integran suelen hablar entre sí en voz alta y con entusiasmo, y a menudo estallan en risas, especialmente si se reúnen en gran número.
Para determinar si el grupo con el que te encuentras es un círculo cerrado de larga data o, por el contrario, una compañía recién formada, observa cómo manejan el espacio personal cada uno de los miembros del grupo. ¿Cómo se divide el territorio? ¿Se acercan mucho al hablar? ¿Cómo se tocan entre sí y parecen estos contactos naturales? ¿Inclinan sus cabezas juntos sin preocuparse por invadir el espacio íntimo del otro? Si es así, no hay duda de que estás ante un grupo muy unido en el que todos se conocen bien y desde hace tiempo.
En grupos jóvenes y recién formados, las personas mantienen cierta distancia, no se tocan entre sí, y si lo hacen, es con gran tensión; sus conversaciones no son muy animadas ni ruidosas, y a menudo estallan en risas. En cualquier caso, notarás que, independientemente de la antigüedad del grupo o su tamaño, siempre habrá un líder o “alma de la fiesta”. No necesariamente será siempre la misma persona; suele depender de la situación, pero alguien siempre asumirá ese rol. Observa a un grupo sentado en un bar y determina quién domina la mesa en ese momento. Con el tiempo, notarás cómo la función de animador pasa de una persona a otra según el tema de conversación.
Para un recién llegado siempre es muy difícil convertirse en uno más de un grupo ya formado. Primero, observa qué elementos del lenguaje corporal son comunes en ese grupo; en otras palabras, descubre cómo se comportan, cómo se sientan, si se acercan unos a otros o si forman una barrera protectora al estar juntos.
El siguiente paso para el “novato” debe ser intentar adoptar esos elementos como propios. Así, sus posibilidades de ser aceptado en el grupo aumentarán notablemente, y los demás tendrán la impresión de que encaja de forma natural. Sin embargo, si el recién llegado se muestra visiblemente nervioso, su cuerpo transmitirá mensajes en los que se leerá claramente su incomodidad. Todos los miembros del grupo captarán estas señales de inmediato, lo que introducirá una tensión en el ambiente amigable, hasta el punto de que los presentes pueden adoptar una actitud defensiva; y esa sensación de incomodidad no desaparecerá hasta que el extraño abandone el círculo.
Por lo tanto, si te encuentras en la situación de ser un recién llegado en un grupo ya formado, trata de identificar qué señales del lenguaje corporal son características de ese grupo y luego intenta adoptarlas de inmediato; no mantengas distancia al interactuar con los presentes, actúa con naturalidad y sonríe todo lo que puedas.
Hasta que no llames la atención, puedes permanecer en silencio “a la sombra”. Un grupo casual y amigable te invitará a unirte, mientras que un círculo de amigos con tradición, secretos compartidos o frialdad hacia los extraños seguirá cerrado y no te dará su aprobación para integrarte.
Observa cómo fluye la conversación entre los presentes, si tienen puntos de vista en común y en qué discrepan. No intentes interrumpir la conversación, porque lo más probable es que tu intrusión sea percibida como una amenaza. Hacer preguntas es una de las formas más sencillas de unirse a la conversación y continuar participando sin generar incomodidad en los demás.
Durante la conversación, intenta mantener el contacto visual con todos, sonríe con frecuencia y evita los monólogos largos para que no piensen que les estás imponiendo algo o que representas una amenaza. Otra recomendación útil: antes de tomar la palabra, observa cómo este grupo suele iniciar, mantener y terminar las conversaciones. No olvides prestar atención a las expresiones faciales, las miradas, las posturas y cómo los presentes expresan su actitud hacia los demás. Fíjate en cómo se posicionan entre sí, qué tan cerca o lejos se sientan, qué tono de voz usan y qué gestos acompañan su conversación.
Mira a la persona con la que hablas y evita los gestos “cerrados”, como cruzar los brazos o las piernas. Al mantener el contacto visual, intenta no ponerte nervioso y, al mismo tiempo, no des la impresión de que lo miras fijamente. Mientras escuchas a alguien, inclínate ligeramente hacia esa persona. Esta postura demuestra interés tanto en la persona como en el contenido de lo que dice. Muestra interés por el tema de conversación y siempre respeta los límites del espacio personal del hablante; no intentes invadirlo.
Si la persona con la que hablas tiene el rostro impasible, responde con monosílabos y se mueve poco, lo más probable es que esté aburrida. Si, en cambio, tu interlocutor muestra una mayor actividad física, golpea los dedos, asiente y sonríe, intentando cambiar de tema, es muy probable que intente deshacerse de ti. Quizá haya visto a alguien con quien realmente quiere hablar y solo busca la oportunidad de hacerlo. Pero, por lo general, en estas situaciones la persona siente aburrimiento y comienza a bostezar. Aunque bostezar también puede tener otro significado: por ejemplo, puede indicar cansancio del interlocutor.
Una forma muy efectiva de interrumpir el discurso de alguien es asentir constantemente; en una conversación normal y natural, basta con asentir una o dos veces, pero cuando alguien asiente tres veces o más, suele estar indicando su deseo de tomar la palabra. Al notar esta señal, entenderás que es momento de ceder la palabra a otro.
Si durante la conversación te interrumpen constantemente, especialmente cuando abordas un tema específico, significa que tu conversación y ese tema no le interesan a tu interlocutor y lo están cansando.
Estas recomendaciones pueden parecer demasiado complicadas al principio, pero en realidad no lo son. Todo el conjunto de gestos, incluso muy amplio, en las relaciones sociales puede reducirse a dos categorías: la expresión de la amistad colectiva y la expresión del rechazo colectivo. Solo te queda observar los gestos de las personas, las distancias establecidas entre ellos y tratar de sintonizar con ellos, armado con una sonrisa y actuando de la manera más abierta y natural posible. Pronto verás que no es tan difícil. Además, como se ha descubierto, todos sabemos mucho más sobre el lenguaje corporal de lo que creemos; por lo tanto, la intuición, el sentido común y un poco de tacto en las relaciones con los demás te permitirán, sin mucho esfuerzo, convertirte en parte de una compañía ajena y amigable.




