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О.Л. Чижевський — El eco terrestre de las tormentas solares parte 11

Capítulo VI

Las epidemias de peste y los máximos solares no guardan relación alguna, y las epidemias de peste se desarrollan con igual facilidad tanto en épocas de máximos como en épocas de mínimos de la actividad solar. Pero en tal caso, sigue siendo completamente incomprensible el hecho de que, a lo largo de todos los siglos anteriores, las epidemias de peste se distribuyen con bastante regularidad en el tiempo de acuerdo con la máxima tensión de la actividad solar. ¿Cómo conciliar estos datos contradictorios? ¿Acaso no inducen al microbiólogo a extraer nuevas conclusiones sobre los cambios en la vitalidad del virus de la peste en el último siglo, provocados por causas socioeconómicas y biológicas? En efecto, según la cronología y la estadística de las epidemias de peste en los siglos pasados, las epidemias o pandemias de peste azotaban a la humanidad con menor frecuencia, pero con mayor intensidad; mientras que en el siglo XIX la peste comenzó a aparecer con más frecuencia, aunque su mortalidad, al parecer, disminuyó en términos generales. Sin embargo, este tema requiere investigaciones especiales y no se resuelve tan fácilmente.

Por otro lado, cabe suponer que en los siglos anteriores, y especialmente en la antigüedad, en las crónicas y anales no se consignaban, por razones evidentes, todas las epidemias que ocurrían en uno u otro país, sino que solo se registraban las pestes más devastadoras. Así, en los siglos pasados contamos con una lista de las epidemias más notables.

Tabla 19

Número de máximos y mínimos de actividad solar en el período comprendido entre los siglos VI y XIX.

Siglo Época Número de máximos Número de mínimos
VI-XVII 37 17
XVIII 7 5
XIX 8 6
VI-XIX Máximo 52-65%
Mínimo 28-35%

De este modo, en nuestra cronología de los siglos pasados encontramos únicamente las epidemias de peste más destructivas. Y la abrumadora mayoría de estas epidemias coinciden con épocas de máxima tensión en la actividad solar.

3. Diagrama de mortalidad por peste en la India desde 1892 hasta 1922 (según Zabolotny). Abajo: curva de actividad solar.

En efecto, si calculamos para los siglos VI-XIX el número de épocas de máxima y mínima actividad solar en las que se produjeron epidemias de peste, obtendremos el resultado que se presenta en la tabla 19. Nuestro cálculo muestra que, a lo largo de todo el período, incluido el siglo XIX, de todas las épocas de actividad solar en las que se registraron epidemias de peste, solo el 35% de estas epidemias corresponden a épocas de mínimos solares.

Aunque este cálculo no tiene absolutamente ningún valor por una serie de razones metodológicas, no obstante, no podemos dejar de señalar que las fluctuaciones en la actividad solar ejercen cierta influencia, tal vez no del todo clara, en la distribución temporal de las epidemias de peste. Esta influencia se manifiesta en que, en los años de mayor actividad solar, las epidemias de peste tienen más probabilidades de surgir y propagarse que en los años de baja actividad solar. Sin embargo, incluso en los años de mínimos solares, las epidemias de peste no son infrecuentes, y en este sentido, las epidemias de peste presentan esa curiosa particularidad cuyo estudio ulterior podría deparar descubrimientos sumamente interesantes.

En nuestras dos gráficas (fig. 53 y 54) se representa la distribución de las epidemias de peste en la India desde 1898 hasta 1922 y en Augsburgo desde 1501 hasta 1650.

Del diagrama de mortalidad por peste en la India se observa que, tanto en los años de máximos como en los de mínimos solares, se producen epidemias, con la salvedad de que en la época de mínimo (1912-1913) la altura de la mortalidad por peste es algo menor que en la época precedente.

Otra gráfica que presentamos (tomada de un trabajo inédito de Resle) es aún más interesante. Muestra el movimiento de la mortalidad en Augsburgo según las estadísticas más antiguas, donde los bruscos saltos ascendentes de la curva corresponden a los años de devastadoras epidemias.

Expreso mi agradecimiento al Dr. P. I. Kurkin.

Señalo que las estadísticas del movimiento de la población en la ciudad de Augsburgo son una de las más antiguas del mundo.

En Augsburgo se registraron las siguientes epidemias, principalmente de peste:

1504-1505, 1511-1512, 1521, 1535-1536, 1546-1547, 1563-1564, 1571-1572, 1616, 1626-1628, 1632-1635.

Las correspondientes épocas de máximos solares, según Fritz y Sviatsky, y luego según Wolf, corresponden a los años:

1510, 1519, 1528, 1537, 1545, 1589, 1605, 1626, 1639 y 1649.

Posteriormente (siglos XVII-XX), las estadísticas de Augsburgo no registran epidemias de peste, y en el período subsiguiente de 250 años, la curva estadística solo presenta tres ascensos.

Así pues, según las estadísticas de Augsburgo, los años de mayor mortalidad por enfermedades epidémicas, y principalmente por peste, coinciden bastante bien con los máximos de actividad solar. ¿Podemos ahora, basándonos en todo lo expuesto, hablar de la periodicidad de las epidemias de peste en relación con la periodicidad solar? Tal conclusión sería, como mínimo, prematura, a pesar de que en ocasiones esta periodicidad se manifiesta con extrema claridad. Ya fue observada por Evagrio en el siglo VI, y luego por Chalen de Vinario, como escribí en el primer capítulo. Aquí cabe señalar que los años 1371 y 1382, indicados por este último autor, coinciden exactamente con los años de máximos solares, lo cual es especialmente interesante.

Una de las primeras tentativas de establecer la periodicidad de las epidemias de peste, que conozco, pertenece al investigador alemán R. Mewes. Seleccionando de manera completamente arbitraria algunas fechas de epidemias de peste en un extenso período histórico (1379 a. C. – 1900 d. C.), Mewes obtuvo, al parecer, una periodicidad de 11 años en las epidemias de peste. Sin embargo, la total arbitrariedad en la selección de fechas históricas, la ausencia de cualquier criterio en el tema estudiado y la absoluta falta de rigor en las conclusiones no permiten considerar el intento de Mewes como serio.

Por ahora solo podemos constatar el hecho de una cierta dependencia en el desarrollo de las epidemias de peste respecto a los máximos solares, y limitarnos a este ámbito en nuestras conclusiones. No obstante, tenemos motivos para formular la hipótesis sobre las causas que determinan el hecho constatado. ¿Acaso las radiaciones solares específicas durante el período de máximo inciden directamente sobre el virus de la peste, o favorecen la multiplicación y las epizootias de roedores (tarbaganes, marmotas, ratas, ratones), que, junto con los parásitos (pulgas) que los habitan, son la causa de las terribles epidemias y pandemias de peste?

La elucidación de esta cuestión, así como el esclarecimiento de la relación entre las fluctuaciones en la actividad solar y la intensidad del virus de la peste, es tarea del futuro.

Una relación sumamente interesante y muy peculiar con la actividad periódica del Sol presenta la epidemia de difteria, o crup diftérico, o, al combinar ambas enfermedades, como causadas por el mismo microbio patógeno (bacilo de Löffler), la difteria.

Los datos históricos sobre la difteria son muy escasos. Sin embargo, los cronistas y analistas mencionan esta enfermedad en sus registros, lo que indica que la difteria no era infrecuente en la Edad Media.

Geser, sin embargo, considera que solo en algunos casos puede afirmarse con certeza que se trataba de una epidemia de origen diftérico. Así, señala la difteria del año 580 según la Crónica de Saint-Denis, la epidemia romana de 1004 en Bizancio y la epidemia de 1039 en Roma. Los máximos solares, según los datos de las auroras boreales, corresponden respectivamente a los años 577, 680, 1002-1005 y 1039.

Posteriormente, en los registros sobre epidemias de difteria hay una laguna considerable. La nueva literatura sobre difteria se abre con la obra del español Gutiérrez en la segunda mitad del siglo XV. Las primeras noticias sobre la difteria en el siglo XVI corresponden a los años 1517-1518, un período marcado por la gran propagación de peste, tifus, viruela y epizootias del ganado. La difteria predominaba en Suiza, Alemania y los Países Bajos. Este período coincidió exactamente con las auroras boreales, granizadas, buenas cosechas de vid, según Fritz, y probablemente con el máximo de actividad solar.

Más tarde, se tienen noticias de epidemias de difteria en los años 1544, 1545, 1557, 1564 y 1567, que ocurrieron en diversos países de Europa. Estas fechas ya difieren algo de las fechas de los máximos solares.

Los últimos caen en los años 1549-1551, 1560 y 1571. El siguiente desarrollo más violento de las epidemias de difteria, según Geser, corresponde a los años 1613, así como a 1618-1620, seguidos de 1630, 1642, 1650 y 1656. Las épocas solares de este período se distribuyen de la siguiente manera: los máximos caen en 1615, 1626, 1639, 1649 y 1660, mientras que los mínimos recaen en 1619, 1634, 1645, 1655 y 1666. Como se observa, los años epidémicos se sitúan entre las épocas de máximos y mínimos, excepto la última fecha, 1666, que coincide con un mínimo de actividad solar.

En el siglo XVII, la difteria también registró varios brotes epidémicos significativos, de los cuales Geser considera necesario enumerar los siguientes: una serie de epidemias de difteria azotó Europa y Norteamérica en el período 1735-1739, lo que coincide con precisión con la época de máximo solar. En 1737-1739. El siguiente período de epidemias de difteria en Europa abarca los años de guerra 1748-1753, que también coincide bien con la época de máximo solar, que tuvo lugar en 1749-1751. A continuación, sigue un brote de difteria espacialmente limitado en Suecia y Utrecht en 1754-1755, que coincide con la época de mínimo solar de 1755, y, finalmente, se registraron epidemias en 1757-1762, que nuevamente coinciden con la época de máximo solar de 1760-1762.

Otro período especialmente violento en el desarrollo de las epidemias de difteria debe señalarse entre 1767 y 1770, que es un período de alta actividad solar, cuyo máximo Wolf sitúa en 1769, así como los años de la siguiente epidemia: 1776-1778, que también caen dentro de este marco. También cabe mencionar la época de la epidemia de difteria de 1788-1790, que coincide plenamente con el máximo de actividad solar en 1788.

En el siglo XIX, gracias a la integración de la población y al crecimiento de las grandes ciudades industriales, la difteria comenzó a aparecer con mayor frecuencia, aunque las epidemias más graves de esta enfermedad aún coincidían bastante bien con los máximos solares, como, por ejemplo, las epidemias de 1816-1818, 1825-1829, 1856-1858 y otras.

A pesar de la frecuencia de las epidemias de difteria, los epidemiólogos han observado desde hace tiempo que las epidemias de difteria y la actividad solar aparecen aproximadamente cada 10 años, y la duración de cada epidemia abarca varios años con intervalos claros entre ellas de 6-7 años.

años. Hasta estas conclusiones, basándose en el análisis de un gran material estadístico, llegaron tanto médicos rusos como extranjeros (Korchak, Chepurkovski, M. Uvárov, Karamanenko, N. Teziákov, Gavrílov, Meierkov, Vaughan y otros). Durante este período de diez años, se dieron diversas explicaciones a este fenómeno desde distintos puntos de vista. Uvárov intentó explicar este fenómeno de la siguiente manera: no todas las edades son igualmente propensas a contraer difteria; esta enfermedad muestra una marcada preferencia por los niños de 1 a 10 años de edad. Esta propiedad de la difteria es fundamental, ya que determina todos los elementos epidemiológicos posteriores de la enfermedad. Es evidente que las epidemias diftéricas pueden desarrollarse en mayor medida cuanto mayor sea la proporción de personas de esta edad. Al afectar a la población, la epidemia se centra precisamente en este grupo de edad, proporcionando inmunidad a los pocos supervivientes y, de este modo, provocando la interrupción de los contagios por falta de material susceptible. Esta escasez de material susceptible perdura durante un tiempo considerable: es necesario que crezcan nuevas generaciones y que el mayor número de personas propensas alcance la edad crítica no antes de diez años después de la última epidemia de 192. Por ello, las epidemias de difteria surgen aproximadamente cada diez años, especialmente en lugares donde constituyen una plaga habitual para la población.

La explicación dada por Uvárov, aunque parece explicar bien el fenómeno de la periodicidad decenal, no resiste un análisis riguroso, ya que la población aumenta anualmente y no se comprende por qué solo después de diez años podría verse afectada por la difteria.

Tabla 20
Difteria en la gobernación de Jersón en cifras absolutas

Gobernación de Jersón. Años. Jersón. Yelisavetgrad. Gobernación de Jersón.

1892 244 724 1975
1893 328 1927 3 252
1894 836 2811 5 045
1896 341 622 2 340
1897 326 382 2 039
1898 530 350 2 830
1880 250 600 —
1881 500 1 895 2
1882 700 2400 —
1900 663 156
1883 1250 3 150 —
1901 803 645 3 610
1884 2 650 3 150 —
1952 2 250 3 700 —
1903 2 585 2 767 8 486
1886 2 900 4 950 —
1904 2 996 3 747 9 357
1887 1350 1 700 7 5 12 765
1888 1600 950 6 628
1906 3 900 23 658 34 228
1889 1 150 1 150 4411
1907 2 591 12 290 28 40 2 280 6 913 19 515
1891 444 729 2 981

Tabla 21
Difteria en Rusia de 1886 a 1908 (según Teziákov)

Años. Difteria, % del total. Años. Difteria, % del total. Difteria, % del total

1886 14,5 1893 25,8 1898 39,9
1887 19,7 1894 39,7 1904 37,5
1888 99 15 1896 35,5 1905 43,6
1890 26,5 1897 45,9 1902 30,4
1891 24,6 1899 37,3 1907 55,4
1893 13 8. Difteria en toda Rusia (curva superior) y actividad solar de 1886 a 1908. La curva de difteria está desplazada dos años hacia la izquierda

Fig. de difteria en las ciudades de Dinamarca. Mortalidad por crup y difteria (por 100 000 personas)

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
1860 48,6 48,2 96,8 48? 44,3 95,5 47,8 25,3 29,4 54,7 27,9
1862 77,3 51,9 129,2 64,6 30,5 64,0 94,5 47,6
18 180,9 90,5 60,1 98,6 158,7 79,4
1864 100,0 58,6 46,0 204,6 68,2 20,3 91,4 211,7 105,6
4 41,8 142,5 47.5 157,9 74,7 232,6 116,3
1866 49,4 38,1 30,9 118,4 39,5 105,5 53,7 75 32,2
28,3 107,8 35,9 168,8 35,4 104,2 52,1
1868 51,5 34,2 32,0 117,7 39,2 41,4 27,5 6
31,9 29,9 111,4 36,1 28,3 33,5 61,8 30,9
1870 44,6 114,8 31,1 26,1 216,6 54,2 24,8 2 54,9 111,1
29,1 29,5 224,6 56,2 22,2 26,8 49,0 24,5
1872 64,3 97,7 25,1 28,7 215,8 53 24,0
1873 67,9 91,2 29,1 36,5 224,7 56,2 29,1 29,5 58,6 29,3
1874 64,3 89,3 36,1 44,6 46,2 88,5 44,3
1875 158,1 52,4 102,0 42,0 33,1 41,2 428,8 71,4 44,3 56,9 101,2 55,6
1874 16 32,4 30,2 33,0 435,7 62,2 60,5 82,3 142,8 71,4
1877 163,5 51,8 52,1 77,8 27,4 26,9 29,6 6 152,1 76,0
1878 165.3 46,8 52,1 77,8 23.1 30,2 28,7 424,0 60.6 76.6 85,2 161,8 80.9
1879 142.1 26,1 28,7 389,4 55,6 86.1 90,5 176,6 88,3
1880 133,2 61,2 44,2 81,2 19,5 24,8 32,9 167,8 7 191,6 95,8
1881 145,4 78,8 43,1 71,9 19,6 25,9 33,2 165,0 528,9 72,8 68,7 103,0 171,7 85,9
8 74,0 27,6 32,7 30,9 172,6 648,6 81,1 47,4 96,6 144,0 72,0
1883 164,9 52,3 44,7 74,2 50,8 39,5 72,4 45,0 93,4 138,4 69,2
1884 177,4 59,1Сонця 198 (Fig. 61), la difteria en los países de Europa Occidental y la actividad solar guardan una relación. La curva inferior representa la actividad solar. La curva 1 corresponde a la mortalidad por difteria en Suiza; la 2, en Prusia; la 3, en Holanda; la 4, en Bélgica; la 5, en Inglaterra con Gales; la 6, en Escocia; la 7, en Irlanda; y en 199 sus mínimos durante este período, es decir, en 1889-1890 y en 1900-1902, todas las curvas de la epidemia de difteria, con pocas excepciones, descienden, formando así su mínimo epidémico en la época del mínimo solar. En efecto, el resumen general de la difteria en toda la Rusia Europea (con el Cáucaso Norte) entre 1886 y 1908 confirma lo anterior de manera evidente. De la curva presentada en la Fig. 58 se observan dos máximos de las epidemias de difteria y dos mínimos que coinciden con los puntos correspondientes en el curso de la actividad solar con un desplazamiento hacia la izquierda.

Fig. 62. Difteria en los países de Europa Occidental y actividad solar. La curva inferior representa la actividad solar. La curva 1 es el resultado promedio de los países con dependencia directa; la curva 2, con dependencia inversa. La línea negra en 1894 marca la introducción de la seroterapia.

Es necesario señalar aquí que, durante el período de 1908 a 1910, según los datos de Tezyakov, se observó un brusco aumento de la epidemia de difteria en toda Rusia, lo que debió alterar el curso armonioso de nuestras curvas.

Si ahora pasamos a examinar la distribución de las epidemias de difteria en Europa Occidental, también aquí encontramos la presencia de una ley similar de distribución dependiendo de la actividad solar. Tanto en las distintas gobernaciones de Rusia como en los diferentes Estados de Europa, nos encontramos con un paralelismo exacto entre las epidemias de difteria y la actividad solar, o bien con ciertas desviaciones de este, expresadas en retrasos o adelantos.

El hecho más notable en el curso de las curvas de difteria, así como en sus desviaciones de la curva de actividad solar, es la tendencia de las curvas epidémicas a mantener el mismo número de subidas y bajadas, es decir, la misma cantidad de puntos máximos y mínimos que se observan en la curva de actividad solar.

Por lo tanto, la difteria en Europa Occidental, en general, muestra la misma periodicidad de 11 años que las epidemias de difteria en Rusia.

Tras la publicación en 1927 en Alemania de nuestro estudio “Preparación para un determinado evento”, los investigadores comenzaron a prestar atención a este fenómeno. Así, Shostakovich (Irkutsk) calculó que la difteria en las ciudades de Dinamarca, durante el período de 1860 a 1912, se desarrolla según dos ciclos: de 2,77 y 11,33 años. Al descubrir este fenómeno, Shostakovich, sin embargo, no prestó atención al hecho de que el ciclo de 11 años de la difteria en Dinamarca coincide con una precisión excepcional con la actividad solar, como se muestra en nuestro diagrama (Fig. 59), pero forma un contrap paralelismo completo con esta (en nuestro gráfico, la actividad solar se representa invertida).

De este gráfico se desprende otro detalle sumamente importante, cuyo estudio podría llevar a descubrimientos interesantes en el campo de la mecánica epidemiológica: la introducción de la seroterapia en 1894 alteró de inmediato el movimiento concordante de las dos curvas: la de la difteria. La intervención humana en el curso natural de los fenómenos de la naturaleza cambia este curso y marca la victoria del hombre sobre las fuerzas elementales.

Un fenómeno análogo se observa en el movimiento de la mortalidad por fiebre tifoidea en Trenton (EE.UU.) tras la introducción de la cloración y filtración del agua (véase más adelante).

Para otros países de Europa Occidental, basándonos en los datos de Novoselsky, aunque no encontramos una correspondencia tan clara entre las curvas de difteria y la actividad solar como, por ejemplo, en la gobernación de Jersón o en Dinamarca, no obstante, fue fácil determinar que aquí también se mantiene un vínculo bastante sólido entre las epidemias de difteria y la actividad solar. Así, en algunos países, los puntos más altos de la curva de difteria coinciden muy bien con los máximos solares; en otros, observamos el fenómeno opuesto: los máximos epidémicos coinciden bastante bien con los mínimos solares.

A los países del primer tipo pertenecen Inglaterra con Gales, Escocia

Fig. 64. Esquema cualitativo de la relación entre los casos de difteria en

Liverpool y la actividad solar. La línea superior muestra la tendencia dinámica de la difteria; la línea inferior, el curso de la actividad solar. Las olas de catástrofes epidémicas afectaron a España, Irlanda, Prusia, Suiza, Bélgica, Holanda, Rumanía, Austria e Italia; entre los países que forman el contrarparalelismo con la actividad solar deben incluirse Francia, Suecia y, como ya hemos visto, Dinamarca.

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